Feliz con mis nuevos dientes.

Normalmente, cuando veo algún programa en holandés  es para tratar de que “algo  se me pegue”.  Cuando no sigo la programación holandesa suelo  ver Oprah, CNN o escuchar el canal de música, pero hoy sí que me he reído mucho al ver un programa que seguramente  le encantará a mi hermano*. Se trata de Style by Jury, en el que un equipo de cosmetólogos, dentistas y asesores de imagen tranforman por completo a mujeres que de verdad necesitan un cambio.  No soy una mujer superficial, pero después de ver este show me dije: ” Dios mío, espero no llegar a esos extremos”.  Y es que lo que para muchas es cómodo o normal, para otras es en realidad conformismo o falta de aseo. Por ejemplo, en este episodio, un make-over que llamó mucho mi atención fue el de una mujer que quería comenzar su empresa de coaching. Pero, con la imagen que tenía, NADIE le hubiera creído. La mujer en cuestión había nacido sin  los dientes inferiores y me parece que le faltaba uno frontal superior por lo que raramente sonreía. Como ella bien dijo, ¿cómo se atrevería a pararse en frente de un público a hablar sobre carisma cuando ni siquiera tenía dientes para sonreír? Llevaba alrededor de quince años dando clases de yoga por lo que en su armario sólo había pants, jeans y ropa sumamente cómoda. Definitivamente ninguno de sus atuendos proyectaría la imagen de una ejecutiva. Jamás se maquillaba y tenía manchas solares en su rostro. Así se presentó en el foro del programa,  en donde los  miembros del  jurado ya la esperaban detrás de una ventana secreta para  comérsela viva: ” qué mal se ve”, “mira ese cabello tan descuidado”, “tiene una mirada muy triste”, espetaban.   Mientras el presentador conversaba con ella, los miembros del jurado ( cuya mayoría por cierto también necesitaba un urgente cambio de imagen) la criticaban sin ninguna compasión. Desilusionada y triste, la mujer escuchó después esas opiniones.

Cambio total en siete días

Después de ver a esta  nada agraciada mujer, el equipo de asesores tiene sólo siete días para cambiarla por completo. Primero, con un coach que le enseña cómo vender su programa sin dar demasiados rodeos. Como era  una mujer tan falta de gracia, le daba mucha pena ir al grano de su mensaje por lo que su asesor le dio las herramientas para que no le diera miedo hablar en público. Posteriormente,  el asesor de imagen visita su hogar para darse cuenta que en su armario el vestuario ejecutivo no existe, por lo que se la lleva de compras. Y ya saben, la típica imagen de los shows americanos en los que la “feita” sale emocionadísima del probador dando vueltas mirándose  en el espejo sin creer  lo que ve. “Oh my god, this is unbelievable“. Y claro, el asesor de imagen reafirmando la línea “you look gorgeous”.  Luego de ir de compras, la mujer asiste al consultorio de una pareja de dentistas que le coloca una dentadura blanquísima y completamente alineada.  Para concluir con su transformación, la mujer asiste a la estética, donde el peluquero le dice “Oh, querida, veo que tu cabello también ha practicado yoga todo este tiempo: es aburrido y muy ligero”. Le hace un corte y flequillo moderno y le da color para finalmente maquillarla.

Transformación realizada.

En siete días, la mujer parece otra. Vuelve al programa con una dentadura perfecta, una melena brillante y un rostro radiante.  En esta ocación, un nuevo jurado está reunido para  criticarla, pero, esta vez, la mujer sólo recibe cumplidos:

‘Se ve preciosa’, ‘Es toda una ejecutiva, ‘Qué guapa’. No faltó el siguiente comentario: ” Si esta mujer tuviera una pastelería, le compraría todos los pastelillos”.  Después de comentar lo feliz que se siente con su nueva imagen, la mujer escucha la opinión  de su padre ( el jurado sorpresa) quien, lleno de lágrimas le dice lo orgulloso que se siente de tener una hija tan guapa. Al final, la mujer comienza a llorar y su padre sale del cuarto del jurado para abrazar a su hija transformada.

Bueno, no creo que todos tengamos la suerte de que nos cambien la imagen, pero en realidad no es mucho lo que necesitamos para vernos bien. Para bien o para mal, vivimos en un mundo en el que las apariencias cuentan demasiado y sin caer en los extremos, podemos vernos bien. No es necesario contar con un armario carísimo, sino combinar piezas que nos vayan bien.

Más vale un poco de rimel y rubor a parecer una de estas mujeres que asisten al show. Como nosotros no tenemos jurado, seamos nosotros mismos los jueces y proyectemos una buena imagen.

* Si algo le importa a mi hermano, es la imagen así que seguramente él disfrutaría mucho juzgando a todas esas mujeres.

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