No nos moverán.

Antes de tomar un baño y dormir profundamente, disfruto una copa de vino rosado, que no estaría en mis manos de no haberme encontrado a mi nuevo estimado amigo José Antonio, quien me obsequió una botella.

Fue un día  muy ocupado en el que el título de este post, No nos moverán, tiene mucho sentido. Por la mañana tuve una cita con Nicolás, de Chile, con quien estuve platicando, entre otras cosas, sobre la actitud de los migrantes en este país y realmente su historia me puso a pensar mucho. Hoy en día, la mayoría de los hispanohablantes  que conozco en este país, decidieron establecerse en él por voluntad propia. Ya sea por razones emocionales o profesionales, vinieron de alguna forma preparados para vivir en Holanda, además de contar con el apoyo tan valioso que ofrece la tecnología y todas las redes sociales que han facilitado tanto las cosas en la fase de preparación mental y emocional.

Nicolás no fue una de esas personas, él llegó a este país en condiciones adversas, como un refugiado político que ni siquiera sabía a qué país lo mandarían. Holanda fue el destino que las autoridades eligieron para él. Un país en el que pensó que sólo viviría dos o tres años con su mujer. Han pasado más de veinte y él aquí sigue. Cuando él llegó, tuvo que aclimatarse a esta sociedad de golpe, aprender un idioma completamente ajeno al suyo y prepararse mentalmente. Desde que pudo, comenzó- y no ha dejado de hacerlo-  a trabajar y ha aprendido mucho sobre esta sociedad. Su familia ha crecido y sus nietos aquí han nacido.  Después de jubilarse, Nicolás quiere regresar a Latinoamérica,  a su casa en Brasil,  para la que con tanto amor y esfuerzo ahorró. Sin embargo, su mujer quiere quedarse en Holanda y seguir compartiendo momentos con sus hijos y nietos.  Ella no quiere envejecer sola con él, pues  quiere seguir disfrutando momentos con su familia y Nicolás piensa: “quizás ella tiene razón, cuando me imagino sentado junto a ella añorando a mi familia, pienso que es mejor quedarnos aquí”. ¿Volver? después de haber hecho tanto aquí, quizás no sea lo mejor…

Pero volver a la patria que nos vio nacer, es una idea que en la mente y corazón de muchos migrantes nunca deja de sonar.  Tal es el caso de José Antonio, originario de Asturias, España quien llegó hace ya varios años a este país en el que ha vivido grandes momentos de su vida. Fue dueño de un restaurante de comida española y actualmente trabaja en la marina de Amsterdam y en un hotel.  Hace nueve años se casó con una chilena y también se divorció. Sin embargo, su corazón está libre de rencor y siempre abierto a conocer nuevas personas y a compartir su mundo con ellas. Su casa es muchas veces el punto de reunión para sus compañeros de trabajo y amigos, con quienes suele disfrutar de buen vino y excelente comida y música.  José tiene una casa en Asturias, y aunque ha considerado la idea de venderla, prefiere no hacerlo ya que uno nunca sabe… quizás en un futuro él decida volver.

Pero, lo que es seguro por ahora, es que hoy a muchos extranjeros que vivimos en Holanda no nos moverán.

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