Una reconstrucción personal.

Se llevó a cabo en el Centro Cultural de Hispanohablantes de Amsterdam  la celebración del día internacional de la mujer y fue un día muy largo, lleno de emociones, de  encuentros y reflexiones.  Después de los diversos talleres que se llevaron a cabo, se presentó al final el documental llamado Separations, realizado  por Andréa Seligmann Silva, de origen brasileño y residente en Amsterdam desde el año 2000.  Antes de la proyección del documental, tuve el gusto de compartir la mesa con ella y participar en una actividad consistente en contestar a la siguiente pregunta:

¿Cambian los roles de la mujer al migrar? y ¿Qué has aprendido de tu experiencia en Holanda? Entre las cinco personas presentes en la mesa, teníamos que responder y crear un collage con imágenes  y palabras que representaran nuestra respuesta.  Al finalizar había que compartir con los otros presentes nuestra conclusión. Me tocó a mí ser la que hablara y esto fue lo que dije:

1. Definitivamente, el rol de la mujer sí cambia. Hay un ajuste a nivel personal en todos los sentidos. En mi propia experiencia, he tenido que abrirme más y salir del clóset  para atreverme, tomar iniciativas. Levantar la mano y decir ” aquí estoy”. Algo que probablemente en mi país no habría jamás hecho por estar en mi medio y feliz en mi zona de confort.  He tenido que abrirme y en esa tarea he derramado muchas lágrimas, he aprendido a lidiar con la verdadera soledad y a estar conmigo misma, a ser yo misma el impulso necesario para seguir girando en la rueda de la vida. Y he aprendido a no quejarme por tonterías y a revalorizar a mi familia, y el despertar a un nuevo día: a valorar mi salud y el amor que siento por mi pareja y por tener la oportunidad de reconstruirme día a día.

En el documental autobiográfico Separations, Andréa nos cuenta la historia de una migrante brasileña residente en Amsterdam que en Brasil tenía una carrera exitosa y reconocida y que en Holanda tuvo que comenzar desde cero. En Holanda no importa si en Brasil ella tiene renombre, dinero o una posición favorecida. En Holanda ella se enfrentó a nuevos retos y aunque no  fue fácil, aprendió que ella en realidad no perdió fama ni talento. Al contrario,  ya que decidió trabajar en su rol de esposa, madre y ha conseguido un gran crecimiento humano y personal.  El caso de Andrea es el de muchas personas que conozco y en realidad no todos son capaces de valorar lo que ganamos como migrantes en un nuevo país donde nadie nos conoce, donde no importa si tu familia tiene un apellido importante, o tiene dinero; donde no importa si tus amigos son ricos y pobres.   Uno tiene la oportunidad de decirle al mundo ” esto es lo que soy, aquí estoy y quiero saber qué haces tú”, pero de manera muy auténtica. Me encanta poder ver a la gente sin etiquetas y sin prejuzgar. He conocido a mucha gente sin “categorizarlas” o ponerlas en cajitas.  Así que, en conclusión, puedo decir que mi vida en Holanda ha sido una reconstrucción personal en la que he aprendido y ganado muchas experiencias de vida que agradezco.

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