Ni el angelito ni el diablito…

Sólo por hoy deja a tu víctima en el cajón antes de salir de casa. Las etiquetas impiden avanzar y nos dejan en un profundo letargo. 

Rodearse de gente positiva es el  mejor alimento para el espíritu y la mente. No me cabe ninguna duda.  Y quejarse continuamente es un desgaste de energía enorme.

Ayer fui a cenar con dos amigas a un restaurante en el que cocinan y sirven personas con discapacidad (www.eetcafevandekoook.nl) con ayuda de voluntarios que los supervisan. Una cena de tres tiempos por solo 9 euros cocinada con un gran corazón. En total, pagamos 15 euros con vino incluido. Además de disfrutar nuestra cena e intercambiar opiniones, pintamos sonrisas en los camareros del lugar. Me encantan estas iniciativas.

 

Después de nuestra cena, nos fuimos a un bar cercano y tomamos un par de cervezas. Con solo 20 euros tuve una noche muy agradable y llena de alimento espiritual.

Hoy di una clase a una chica que me parece muy agradable y muy espiritual. Estábamos hablando de cómo motivarnos cuando nos sentimos cansados, tristes o desganados y salieron a colación ” el angelito y el diablito”. De como por ejemplo cuando estás cansada el diablito te incita a echarte en el sofá mientras que el angelito te recomienda salir a hacer lo que tienes que hacer. Me dijo algo que me gustó mucho: “yo creo que no tenemos que escuchar a ninguno de los dos, sino a la voz interna”, mientras señalaba a su estómago. Al final de cuentas, el angelito y el diablito son cuentos del mundo pero ellos no reflejan realmente lo que nosotros queremos hacer. En  pocas palabras, conversar con uno mismo y escuchar el interior. Entonces la conversación cambió de rumbo y comenzamos a hablar de cómo muchas veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan y nos “castigamos”. Así que llegamos a la conclusión de que la próxima vez que nos toque hacer algo que no nos guste, nos daremos una recompensa. Conversar con nuestra voz interior y hacer un acuerdo: ” está bien, voy a hacer esto que no me gusta y cuando lo termine, me voy a comprar esa blusa que tanto me gusta,o me voy a comprar un pastel”. Tenemos que ser más dulces con nosotros mismos.  Hay demasiada rigidez en el mundo….

 

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