Primero mata.

Primero mata.

¿Luego?

Vuelve a matar. Porque me imagino que después de la primera vez que alguien mata a otra persona, la segunda vez es más fácil. Quien primero mata, seguramente volverá a matar.

¿Quién puede matar? En realidad, todos somos asesinos en potencia, me cuenta la directora de cine Coco Schrijber sobre su documental, First Kill (2001) que muestra la psicología de la guerra de Vietnam y sus efectos en el cuerpo y la mente. El documental contiene entrevistas de Michael Herr y otros veteranos de guerra cuyos diálogos muestran diferentes sentimientos: miedo, violencia, odio e incluso placer.

Me comenta que su documental sigue siendo popular en Holanda y es muy polémico. Incluso algunas personas abandonan la sala cuando lo ven.

¿Son tan crudas las imágenes? le pregunto. La respuesta es negativa; no se trata de imágenes violentas, sino del planteamiento: todos podemos matar. No hace mucho tiempo fue a México y exhibió esta película. La mitad de los espectadores quedaron muy impresionados y la otra, enfadados.

Pienso en lo irónico que es esto: en un país donde la violencia impera, no son las imágenes, sino la idea de matar la que incomoda a los espectadores.  Me pregunto entonces ¿no deberían ser esas imágenes violentas y sangrientas las que “conmuevan” o “activen” el interés de la ciudadanía por exigir justicia  y manifestarse ante la violencia en México.

La sangre y la violencia no lo son porque ya se vive y respira con ellas. La historia es conocida…

Hace tiempo, caminaba con mi novio en Bellas Artes  y veía las lindas creaciones de los artesanos cuando él se detuvo y con cara de asombro me preguntó ‘¿porqué publican algo así, es horrible”. Era la portada de un periódico amarillista donde aparecía el cuerpo de una chica destrozado en un refrigerador. La chica había sido descubierta por su tío cuando él buscaba una cerveza.  No recuerdo cuál fue mi respuesta, pero sí que encogí los hombros y suspiré : es que aquí estamos acostumbrados a esas “noticias”.   Hoy sigo encogiendo los hombros.

Vuelvo a mi conversación con Coco que sigue contándome un poco sobre su estancia en México. Y de pronto, el tema de moda: la violencia. Dice que de las 80 personas con las que convivió, casi todos habían sido víctimas de la inseguridad y la violencia. La escucho con atención cuando suelta la pregunta ¿y tú?  Suelto un largo suspiro y respondo que sí, muchas veces.  Quiero cambiar el tema pero me pregunta ¿cómo fue? Entonces pienso en silencio en cuál es la historia más “entretenida”. Elijo la última vez que me asaltaron.

Freeze, Flight, Fight, Fright, Faint. 

Reacciones ante un asalto o una situación de estrés. 

Eres una chica muy lista y fuerte, responde Coco cuando le cuento cómo fue el día en el que un NO ser Humano me asaltó.

Como creo,  suele ser costumbre, en México se tiene una idea de que si vas bien vestida, tienes dinero. Todavía estudiaba en la universidad y había tenido una presentación así que iba muy arreglada. Pero, en mi bolsa solo llevaba diez pesos ( para mi respectivo transporte público), libros y algún paquete de galletas.

Muy cerca de la casa, me baje del autobús y al dar la vuelta en una esquina sentí algo en mi espalda. Inmediatamente supe que estaba en peligro. El No ser humano me abrazo y me dijo ” tú haz como que vienes conmigo”. Mi corazón casi se sale pero como pude me tranquilice y seguí su instrucción. Subimos un puente peatonal y me pidió que le diera todo: tarjetas, dinero, celular. Muy tranquila le dije que se llevara la bolsa y mis pulseras porque no traía más. El no ser humano, incrédulo insistía. Arriba del puente yo sola con él, solo veía los coches ir y venir. Nadie subía el puente.

‘No te hagas pendeja, sé que tienes el dinero escondido allí’ (escondido en el bra) y le dije que no. “Ya sabemos cómo se las gastan las pinches viejas; se esconden el dinero allí o en los calzones”. “Enséñame” Ante esto último yo no sabía si reír o llorar. Pensé: este me va a violar.  Recordé las palabras de un profesor ” si algún día los asaltan, pónganse al nivel de su asaltante. Y, siguiendo el sabio consejo y armándome de valor le solté un ” no mames, cómo te voy a enseñar si ando en mis días”. Si quieres te enseño pero no te va a gustar nada. No me he cambiado la toalla desde la mañana. La cara del tipo se transformó inmediatamente y ya más nervioso mirando si algún peatón se acercaba, me dijo ” está bien, lárgate, cooperaste y ahora te puedes ir”. “Eso sí, ni se te ocurra voltear porque te reviento un pinche plomazo”.

Y obedecí. Crucé el puente casi corriendo y ya invisible. No sé cómo pude conservar la calma durante estos casi 10 minutos que han sido de los peores de mi vida. Llegué a mi casa y me solté a llorar con mi mamá.

Más tarde, me imaginé al no ser humano llegando a su casa y abrazando a sus hijos pequeños, diciéndole a su mujer que había tenido un chingo de trabajo y preguntándole qué había para cenar…

Dentro de las reacciones, no me congelé, no pude escapar ni me desmayé. Solo puedo decir que conservé la calma y que Dios me dio esta experiencia para despertar mi intuición y valorar la vida.

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