Veo en otoño…

 


Que en Ámsterdam la naturaleza es una reina que disfruta de sus poderes absolutos al transformar el ambiente mágicamente. El color rojo y naranja viste a los árboles creando incendios poderosos para los ojos; una orquesta de viento y lluvia nos acompaña y sopla al oído mientras  el frío nos comienza a quemar un poco la cara.

La naturaleza cobra vida y muchos  seres humanos se convierten en piedras.

Lo observo varias veces mientras espero algún autobús bajo el pesado cielo gris que suelta gotitas de lluvia para esos pasajeros que no sonríen.  La parada se va llenando se rocas sin expresión alguna. Apenas veo alguna sonrisita tímida por allí. Mientras las hojas de los  árboles se divierten en  los charcos, corriendo y saltando, las rocas humanas sufren esperando a que el conductor del tranvía abra la puerta y les permita calentarse un poco.

Hablar con las rocas es inútil, apenas logro que una me sonría tímidamente luego de un “qué frío hace”.

Es otoño en Amsterdam, momento de hablar con la naturaleza y disfrutar su alegría.

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