Regrésate a tu país.

La última vez que escribí algo en este blog,  todavía no era oficialmente holandesa. Hace un par de meses recibí la nacionalidad durante una ceremonia en la municipalidad de Amsterdam. Fui una de las más o menos 120 personas que ese día  pasó al frente a recibir su constancia de nacionalidad y a jurar que sería una buena ciudadana. Claro, antes de llegar a este momento, todos los presentes  tuvimos que presentar nuestra solicitud de nacionalidad, pagar  unos 800 euros y esperar a que el gobierno investigara si no eramos seres peligrosos para la nación. Después de esperar unos meses, los afortunados  recibimos la carta de aceptación de su Majestad, el Rey Guillermo, con la invitación a la ceremonia de naturalización. El día de la misma  había gente de muchísimos países y en ese momento me di cuenta de  que no todos habían decidido vivir en Holanda  por voluntad propia. Es decir, yo llegué aquí por haberme enamorado de un holandés, pero muchos otros ni siquiera querían dejar su país ( no es que yo tampoco lo quisiera, pero tuve la opción).  Muchos  tuvieron que escapar por ser perseguidos políticos o por que en su país se había desatado una guerra. El mundo hoy está tan dividido por tantas estupideces que mucha gente tiene que correr y buscar otro lugar donde vivir. Holanda es  la esperanza de muchos.

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Al terminar la ceremonia brindamos por nuestra nueva nacionalidad   mientras  comíamos  queso, arenques y especialidades holandesas.   Salimos de allí siendo oficialmente holandeses, pero  todos personas valiosas desde antes y después de ese momento.  Cada quíen le ha entregado a este país lágrimas, esfuerzos y momentos de sufrimiento. También le agradece lecciones  y sonrisas.

Desde ese día yo no había pensado en lo que ”ser holandés” representa. Sin embargo, hace unas semanas vi un programa de cuatro emisiones llamado Rot op naar je eigen land . Algo así como ”Regrésate a tu país”( no se me ocurre otra mejor traducción aunque oproten es muy negativo, quizás ”Lárgate a tu país”- pero me parece que suena muy fuerte). Para el programa se seleccionaron  cinco holandeses de diferentes edades, preferencias políticas y percepciones muy distintas sobre la migración en Holanda.  El objetivo del programa era crear conciencia y debate sobre lo que los refugiados viven al llegar a Holanda. Y es que hay muchas divisiones en este sentido. Unos creen que hay que cerrar las puertas a los refugiados, porque simplemente no están dispuestos a que  sus impuestos pagados sea destinado a apoyarlos.  Además, creen que en Holanda ya no cabe ni un alfiler. Otros creen que cerrar las fronteras holandesas simplemente no es una opción, pues todas las personas tienen derecho a buscar oportunidades en cualquier parte del mundo.

Estos holandeses tenían que seguir la ruta que normalmente un refugiado toma para llegar a Holanda, pero de manera inversa. Es decir, partiendo desde Holanda tendrían que recorrer diferentes lugares, para llegar a su destino final, que sería el punto de inicio de un refugiado para llegar a Holanda.

En la primera emisión se presentó a los participantes.

 

Fareeda – 24 años- estudiante de neerlandés. 

La más joven de todos. Su visión del mundo es idealista. Ella cree que en el mundo es un lugar para todos, con  iguales derechos y que todos los refugiados merecen entrar a Holanda ya que ellos no escogen sus tragedias ni las guerras que se viven en su país.  No está para nada de acuerdo con los que creen que en Holanda ya no cabe ni un alfiler.

Fareeda

Yernaz- 27 años- estudiante de Ciencias Políticas

Considera que al llegar a Holanda, los refugiados se encuentran totalmente indefensos. Sin embargo, cree que el enfoque del gobierno puede ser distinto. La ayuda económica que reciben solo empeora el problema.  Sí abrirles las puertas, pero hacerles saber que tienen que ganarse su espacio en la sociedad holandesa.

Yernaz

Sandra-  50 años-empleada doméstica

Ella cree que lo mejor es ignorar el problema y la mejor solución para lidiar con los refugiados que llegan a Holanda es ponerlos a todos  en una isla, encerrarlos allí  y seguir con su  vida sin mirar atrás. Para ella, todos las personas que no son blancas no son holandeses.

Sandra

 

Rick- 26 años- estudió comunicaciones y busca trabajo. 

Le encanta pasar tiempo con sus amigos y también hacer algo por los demás. No le parece que muchos holandeses  coloquen  inmediatamente en la lista negra  a los refugiados. A los que dicen ”los refugiados son competencia para nosotros”, y nos van a quitar el trabajo les responde que, si no consiguen trabajo, es por que no son lo suficientemente buenos. Además, en Holanda hay también suficiente espacio.

Rick

 

Martin- 46 años- chofer-desempleado

Un hombre diabético y  desempleado que recibe dinero del gobierno cada mes ( de los impuestos de los holandeses),  no está de acuerdo en que tantos refugiados lleguen a Holanda por la cuestión económica. Es decir,  no justifica que tenga que destinarse dinero de  los impuestos para apoyarlos, cuando él y otros holandeses (nacidos en Holanda) llevan meses desempleados. Su opinión es que Holanda primero tiene que ocuparse de los desempleados, resolver los problemas económicos del país y entonces sí, después, quizás, ayudar a los refugiados.

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Willeke

Por último, la participante que abandonó la aventura antes de que  llegara a su fin,  una ferviente seguidora de Geert Wilders, el político que considera que el islam es un peligro para Holanda.  Con fotos de este político en su casa y con su firma tatuada en su brazo, ella considera que los migrantes y refugiados ( principalmente  musulmanes) simplemente no tienen  cabida en Holanda. Son  un peligro para el país y no se adaptan a él.

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El aeropuerto de Amsterdam es el punto de partida. Allí le tienen que entregar su pasaporte y pertenencias al conductor del programa, quien a lo largo del mismo les va indicando lo que va a suceder y los lugares que tendrán que visitar. Sin pasaporte ni dinero, llegan a un centro de detención en una ciudad holandesa (lo que vendría siendo la carcel para los indocumentados). Allí entablan conversación con uno de ellos, quien había dejado en Siria a su mujer y sus hijas. Él les cuenta  que había vendido todo en su país para huir de él y traer a su familia. El siguiente encuentro sería con una mujer de Irak, que llevaba bastante tiempo viviendo en Holanda con sus hijos. Ella había vivido también en un centro de detención al llegar a Holanda. Escapó de Irak porque su marido había sido encarcelado por  imitar a Sadam Hussein en una fiesta.  Los holandeses cenan en su casa y escuchan su historia. Antes de la cena van con ella al supermercado para convivir con ella y Willeke le dice en plena carnicería que ella no está dispuesta a comer carne halal por no estar de acuerdo a sus principios.  La mujer de Irak le dice que está bien y cocina algo más para ella.

Luego de dormir en la casa de la mujer de Irak, viajan escondidos en un camión de transporte, como lo harían los refugiados, con destino a Turquía. Por supuesto, pasan frío  y se la pasan quejando.  Son solo seis personas en un diminuto espacio. En el mundo real, viajan más de seis personas amontanadas en un camión luchando por un poco de aire y espacio.  Llegan a Turquía y de allí parten a Atenas, Grecia, en  donde tienen que  dormir en un departamento minúsculo con indocumentados. Ese día, salen a la calle a buscar comida con una de las mujeres del departamento. Ellos creen que van al supermercado, cuando en realidad, su destino es el  bote de basura, de donde la mujer busca cualquier cosa que pueda servirle para alimentar a su hijo. En ese momento, la mujer que primero había dicho que había que poner a todos los refugiados en una isla comenzó a llorar. No podía creer que tenían que comer de la basura y le pesaba mucho el hecho de saber que un pequeño niño no tenía futuro.  Poco a poco su viaje se iba haciendo más duro y los confrontaba más de cerca con la realidad de los refugiados.  Willeke decidió irse a Holanda por ya haber visto suficiente. Ella decía que le dolía ver la realidad y el sufrimiento de la gente, pero que por eso no iba a abandonar sus principios. Me dio la impresión de que se estaba conmoviendo demasiado y antes de suavizar su postura, prefirió abandonar el programa.

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Así, los otros continuaron rumbo a  una isla de Grecia, lugar de destino de muchos refugiados. Los que tenían suerte, tocaban tierra firme. Los desafortunados, morían ahogados. Martin tiene que regresar a Holanda repentinamente porque su pierna se inflama y necesita  atención médica. Así, al final solo quedan cuatro participantes.  Su destino final: el campo de refugiados en Jordania, donde conviven con refugiados y ven de cerca la dura realidad que enfrentan.

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Terminó el programa y la percepción de  una mujer que estaba segura de que la mejor solución era encerrar a todos los refugiados, comienza a llorar y se da cuenta de que ellos no están escogiendo su dura realidad.  Se dio  cuenta de que Holanda no era destino elegido, sino muchas veces única opción.  Quizás más personas cambiaron también de opinión y se encuentran más abiertos a las diferencias.

El programa llegó a su fin y tuvo altos índices de audiencia en Holanda, lo cual refleja la seriedad y relevancia  del tema migratorio en este país.

Puedo concluir con las palabras que una vez me regaló Priscila Rodríguez Aranda:

Eres mucho más que una nacionalidad y mucho más que un inmigrante, eres una persona única, con experiencias y virtudes únicas. Atrévete a contribuir al desarrollo del país que en este momento te acoge eligiendo tu propia forma de expresión.  Desarrolla un amor mutuo entre el suelo que pisas y tú mismo. Solo así podrás “cruzar el charco” emocionalmente. Tu corazón es muy grande, claro que cabe el amor a tu país…. y a muchos más.

 

 

 

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2 Comments

  1. Me ha ilustrado mucho con tu texto, mi estimada Magg. Más aún, lo he disfrutrado desde el principio, y lo has finalizado con un texto de una gran amiga… Está increíble. Un abrazo.

  2. Interesante. La emigración es un fenómeno real. Aunque muchos dejan su país por eso que llaman “amor” o búsqueda de mejores condiciones. Los refugiados no son ni el 10% de esa población. Luego están los nacionalizados que se creen más holandeses que un Van der Kroon y piensan que los nuevos inmigrantes son menos que ellos. El mundo es así de loco.

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